De dónde venimos y hacia dónde vamos

Bienvenidos!!! El ciberespacio es muy parecido a nuestro país, la República Argentina: un lugar donde todo parece posible pero la gran mayoría de las cosas son mentiras, donde nos encontramos de muchas maneras pero a la vez nos separamos de lo verdadero. Entonces, ¿por qué no usarlo para pensarnos como individuos y ayudarnos a la única búsqueda que nos es común como humanidad: la búsqueda de la felicidad?. Ojalá estemos de acuerdo, pero más deseo aún que discutamos, porque será la manera de definir entre todos un camino mejor al que venimos llevando.

jueves, 28 de enero de 2010

¡¡¡Crea tu propia aventura!!!

¿Se acuerdan de esa serie de libros, muy populares en los noventa, donde el lector iba eligiendo cómo seguía el desarrollo de la historia, según las opciones que se le presentaban?. Bien, algo similar a esto es lo que me propongo para desarrollar una metodología para alcanzar la felicidad.

Partiendo de los elementos que hemos definido en las notas anteriores, trataremos de diseñar un método, un sistema que nos vaya acercando a la satisfacción vital que implica ser feliz, siempre teniendo en cuenta que lo haremos en las condiciones especiales que nos brinda y los límites que nos marca nuestro escenario nacional.

Para poder empezar a recorrer este camino ordenadamente, lo primero que haremos es ordenarnos (valga la redundancia), cosa que de por sí a los argentinos nos cuesta bastante...

Este orden comienza con una "memoria y balance", como hace cualquier empresa; tenemos que saber qué herramientas tenemos, con qué contamos en primera instancia para ser felices.
A este ordenamiento le daremos el nombre de C3 (C al cubo):

La primera "C" es la de CANTIDAD: Cuando juntamos los recursos con los que contamos para ser felices debemos tener evaluadas ciertas cantidades de cosas, por más que parezca un recurso prosaico.
Sabemos que la empresa de ser feliz en la Argentina no es una tarea sencilla pero tal vez sea la única tarea que vale la pena enfrentar, no sólo en nuestro país sino en el mundo; yo diría que es un imperativo, la verdadera forma en que nos distinguimos de los animales es por la abundancia de nuestros deseos, por nuestra empecinada búsqueda de felicidad y sentido para nuestra vida.

Por esto debe ser encarada tal como un general emprende una batalla, con el pleno conocimiento de los pertrechos con los que contamos (ya sé que este tipo de metáforas tiene mala prensa pero no se me ocurre ninguna mejor para este ejemplo).

Vamos a habilitar un cuaderno o una hoja donde vamos a anotar, con un criterio meramente cuantitativo, los elementos que ya tenemos y que sean conducentes a nuestro acercamiento a la felicidad. Divida esta hoja en cuatro columnas y en la primera anote el título:

AFECTOS: Una de los dones de la vida que más nos puede acercar a la felicidad es la plenitud de nuestra vida afectiva: tener pareja, familia, buenos amigos, compañeros a los que respetamos; gente a la que queremos y gente que nos quiere.
Anote rigurosamente los nombres de las personas que forman parte de su universo afectivo pero lo más importante de esta lista es que debe incluir las personas que las personas que lo quieren y usted quiere y las personas que usted quiere sin importar lo compartido o no del sentimiento.
Lo que distingue a un ser humano entre la multitud de seres que forman la humanidad es el sentimiento que usted tiene hacia él o ella, no sólo la correspondencia de este sentimiento.
Por eso es válido en esta lista incluir a gente que usted sólo conozca por su obra, por su ejemplo, por los buenos momentos que le puedan dar o haber dado.

Por dar un ejemplo, yo incluyo en mi lista a Roberto Fontanarrosa, a Osvaldo Soriano, a Jorge Luis Borges, al Negro Olmedo, a Pedro Aznar, a Luis Salinas, a Cortázar, a Quino, a Héctor Oesterheld, a Robin Wood...es decir, a tantos coterráneos que me han brindado y aún me brindan momentos de diversión, de lucidez, de reflexión; en suma, de felicidad (me limito en esto, a los efectos de este trabajo, sólo a los argentinos, sino podría incluir a muchos más).
Estas personas se suman a mi mundo emocional a través de sus obras y de sus actos, no me hace falta haberlos conocido personalmente para sentirme cerca de ellos y me ayudan a ser parte de un todo mayor que podríamos llamar argentinidad.

Recuerde que en esta lista sólo tendremos en cuenta una cuestión de cantidad, que su lista sea lo más exhaustiva posible, trate de no dejar a nadie afuera; no juzgue ni califique en esta etapa, sólo anote todas aquellas personas que figuran en el panteón de sus héroes emocionales.

Una vez que tenga su lista hecha, vuelva por acá y seguiremos trabajando...

miércoles, 27 de enero de 2010

La falta de método como método: Cómo hacer de aquí en más.

He pensado bastante cómo articular la continuidad de este blog, dado que ya estamos entrando en la etapa de la búsqueda concreta de la felicidad en nuestro país y, como buen argentino, estuve tentado de dejarlo medio librado al azar o a la experimentación espontánea, con la idea que el flujo de la creatividad va a ir llevando a buen puerto cualquier iniciativa.



Y si bien no deja de ser cierto esto de nuestra capacidad de improvisación, de la que ya hablamos en una entrada anterior, el hecho de tener que definir esta continuidad me puso ante esa disyuntiva con la que todos nos encontramos o nos hemos encontrado en algún momento: ¿Hago las cosas metódicamente o voy viendo cómo se dan las cosas?



Pasemos en limpio: Un método, cualquiera sea el que elijamos, nos va a conducir a un final lógico, planeado, esperable; nuestra capacidad de improvisación nos servirá para resolver los inconvenientes que puedan aparecer en el camino pero nunca deben ser "el camino".



Se los explico con un ejemplo: Ya todos saben que me he propuesto escribir una entrada por día pero en el camino me encuentro con que a la empresa de energía de Córdoba se le quemó un transformador y está haciendo cortes rotativos en toda la ciudad de seis horas en total, lo que se imaginarán que me deja sin demasiado tiempo para escribir y subir lo escrito a la web.



Como ya elegí el método de sentarme ante el teclado todos los días un rato a reflexionar sobre estos temas, ante la dificultad habilité un cuaderno para llevar notas que me permitan escribir en las pocas horas de electricidad con que me "regala" la empresa. Además, escribo hasta que se corta la luz y luego edito lo que quedó guardado (lo que me acaba de pasar...).


La idea basal que quiero transmitir hoy es ser fiel al método, seguir dirigiéndome en la dirección elegida, no cambiar el rumbo apenas aparece una dificultad, dado que, como vivimos en la República Argentina, la dificultad es casi una certeza!!!
Con esto les quiero decir lo siguiente: Argentino/a que lees estas líneas, elegí un método, una forma de hacer las cosas que sea la tuya propia, analizá los pro y los contras de tu accionar y dirigite a tu objetivo sin cambiar en la mitad del río, salvo que el río cambie su curso; allí serán nuestras fortalezas las que nos permitirán seguir adelante.

Ya seguiremos hablando sobre lo que implica elegir un método, cómo diseñar nuestras metas y dirigirnos conscientemente hacia la felicidad, habida cuenta de las contradicciones y difiicultades que nos aparecerán si somos nativos de este maravilloso y complejo país.

Nos encontramos la próxima, haya luz o no...

lunes, 25 de enero de 2010

Argentinos a las cosas: Vamos por la felicidad, canejo!!!

Bien, ya tenemos un mapeo emocional bastante completo de la Argentino y quienes en ella habitamos, al menos en mi modesto ver y entender. Luego de un breve resumen, creo que es hora que nos adentremos en la búsqueda de las soluciones, de los caminos que nos acerquen a la felicidad tal como podemos concebirla en nuestras tierras.



Aspectos negativos: Hemos dicho hasta acá que los argentinos somos "masomenistas", soberbios, propensos a querer salvarnos de golpe y de una sola vez, anómicos, quejosos, no tenemos referentes y somos poco diálogicos.



Por otra parte, hemos descubierto aspectos positivos: podemos hacer mucho con poco, le damos gran valor a la amistad, somos familieros, tenemos altas dosis de autoconfianza, nuestro natural pesimismo nos hace realistas y hemos ido adquiriendo flexibilidad con el paso de las crisis.


¿Cómo hacemos en este escenario y con esta suma de elementos, de valores y disvalores, para acercarnos consciente y concretamente a la Felicidad?.

Para empezar, no desconociendo este mapa que hemos ido dibujando; creo que uno de los principales escollos que se nos presentan en nuestro camino hacia una vida más placentera y provechosa es la inconciencia, el desconocimiento del escenario en el cual nos movemos cotidianamente.

Si caminamos sin tener claras las especiales características de nuestra sociedad y nuestra cultura seremos permanentemente "sorprendidos" por los acontecimientos, nunca podremos prever los tropiezos y, más importante aún, seguiremos en nuestra tradicional posición de víctima.
Sin salir de este rol no podemos hacernos cargo de nuestra propia vida y seguiremos pecando de ingenuos, como individuos y como sociedad.

Hace poco leí una entrevista al filósofo Tomás Abraham, que se preguntaba si los argentinos, con nuestras sucesivas y cíclicas desilusiones políticas, no seremos el pueblo más ingenuo del mundo.
Yo pienso que la ilusión, el depósito irrestricto que hacemos de la solución de nuestros problemas y el alcance de la plenitud en nuestros gobernantes nos resulta una postura facilista.

Si nos empezamos a hacer cargo de la responsabilidad de nuestros estados vitales, sin echarle la culpa a nadie ni tener la expectativa de soluciones mágicas, podremos pasar a ser protagonistas de nuestra vida y dirigirnos hacia la felicidad.

A partir de la próxima entrega empezaremos a recorrer los caminos que nos acercarán a la tan ansiada felicidad nacional, no se la pierdan!!!

sábado, 23 de enero de 2010

Neo, el de Matrix, es Argentino!!!

Y me refiero puntualmente a una escena, creo que la más difundida, de Matrix I, en la cual el protagonista esquiva las balas con una habilidad sorprendente, ¿se acuerdan?.



Bien, ése puede ser un buen símbolo de otra característica que nos define a los argentinos: La Flexibilidad ante las crisis. Como hemos atravesado tantas, los criollos nos hemos ido volviendo adaptables, en la medida que no nos dejemos ganar por el desánimo.

Es interesante analizar cómo un argentino, ante la precariedad permanente en la que vivimos, saca a relucir su creatividad y sale adelante, a pesar que las circunstancias conspiren en su contra.



Va un ejemplo cercano: mi actual mujer trabajaba en el 2001 para una importante empresa de cosmética internacional, a pesar de lo cual no se salvó, como tantísimos compatriotas, que su sueldo quedara atrapado por el corralito justo para Navidad. Ante la carencia, ella y su madre recordaron una receta de pollo relleno que habían leído, investigaron en Internet cómo se deshuesaba y pusieron manos a la obra: en un día tenían preparados varios, prolijamente presentados en bolsas para horno y vendidos en el barrio con una excelente ganancia, con lo que les alcanzó hasta para los regalos navideños.



Esa capacidad de adaptación nos califica para enfrentar los problemas que solemos atravesar ciclícamente, más allá que nos guste o no que esto sea así.

Acá es válida una aclaración: enfrentamos las crisis en la medida que nos resulta imprescindible pero, en vez de aceptarla como una parte integrante de vivir en nuestro país, nos resentimos y empezamos a mirar hacia afuera, hacia los países o las personas que (nos parece que) no atraviesan crisis como nosotros.



Y creo que es un error de concepto: no es que los otros países (que creemos privilegiados) no atraviesen crisis, ES QUE EN NUESTRO PAIS LOS CICLOS SON MUCHO MAS CORTOS.



Analicemos esto con un poco más de detenimiento: Europa ha atravesado dos guerras mundiales en un lapso de treinta años, Estados Unidos un par de recesiones gravísimas con setenta años de diferencia; nosotros tenemos crisis (menos graves, convengamos...) cada período de gobierno constitucional, como mucho cada dos. Revisemos juntos la historia desde el retorno de la democracia: Alfonsín arranca con enormes expectativas hasta las Pascuas y la hiperinflación y los saqueos, asume Menen de apuro, vivimos nuestra primavera del "déme dos" hasta la caída económica y moral estrepitosa en el segundo mandato, pasamos a De la Rúa, renuncia del vice, coimas en el Senado, Cavallo, corralito, "que se vayan todos", los cinco Presidentes, Kirchner y un período de bonanza hasta Cristina, el yuyo maldito, paro del campo y los actuales despelotes de reservas y demás yerbas....



No quiero entrar en detalles que nos llevarían páginas, pero estamos hablando del año 83 a la fecha; 27 años donde nos dio la impresión al menos cuatro veces que el país desaparecía como la Atlántida; sacando un mal promedio, una "crisis terminal" cada siete años!!!



No se me escapa que muchísima gente quedó por el camino, vio totalmente deteriorada su calidad de vida, perdió "vidas y hacienda", como en los tiempos de los malones pero habemos millones que hemos seguido adelante, con mayores o menores penurias pero seguimos adelante.



¿Es cómodo vivir en nuestro país?. Sin duda que no. ¿Es imposible vivir en la Argentina?. Estoy seguro que no.



Esto me recuerda un párrafo de una novela de mi venerado Roberto Fontanarrosa, Best Seller, donde cuenta las bellezas de las playas de la isla de Camorta y sus cerros poblados de naranjales; cada verano, cuando llegaban los vientos alisios, las naranjas caían por millones hacia las costas, arrasando las aldeas de pescadores que se encontraban en la orilla; lo que nadie se explicaba era por qué los pescadores volvían a construir sus chozas en las mismas playas....



Viéndonos en perspectiva, muchos de nosotros (la gran mayoría) somos como los pescadores de Camorta pero corremos con la ventaja de saber que, más allá de la ventura personal que estemos viviendo, los vientos se están levantando y se nos vienen los naranjazos!!!



Si no descuidamos esta perspectiva, si la vivimos como parte integrante de nuestra genética, podemos tomar recaudos, lo menos que podemos hacer si vivimos en zonas inundables es aprender a nadar...

viernes, 22 de enero de 2010

Un cacho de cultura: La Argentina Antiplatónica

Hoy nos vamos a meter con un tema filosófico pero explicado rapidito, para que se entienda el concepto y, de paso, parezca que yo sé más de lo que digo...
Platón, el filósofo griego, postulaba que las cosas que conocemos del mundo no son más que una representación, digamos una copia, de las formas puras que moran en el mundo de las ideas.
Para explicarlo más en criollo, digamos que vivimos en un mundo "fotocopiado", donde las cosas parecen buenas pero no llegan a alcanzar la perfección, el error ya viene incluido dado su carácter de copia.

Por ejemplo: el amor que sentimos por nuestra pareja o nuestros congéneres no es otra cosa que la copia de El Amor, sentir que se radica en el mundo de las formas puras y del que nuestro amor es un pálido reflejo.

¿Y a qué viene todo esto, preguntarán ustedes?. Bueno, ahí va la explicación de tanto derroche de cultura clásica: Los argentinos descreemos profundamente de la existencia de ese mundo de formas puras; en la intimidad pensamos que la posibilidad de acceder a un estado superior nos está vedada como nación y hasta como individuos.

Básicamente desconfiamos de todo aquello que se plantea como "puro": cuando alguien nos habla de Honestidad, del Bien, de la Democracia, de la Verdad, todos prendemos el desconfiómetro y empezamos a buscar la trampa.
Da la impresión que en nuestro país lo único que pertenece a ese mundo de las formas puras es El Verso o El Chamuyo (no es casualidad que nos hayamos especializado en ellos).

Estamos sobrados de pruebas, obviamente, basta recordar algunas frases: "Con la Democracia, se come, se educa y se cura", "Seré el primero en llevar adelante la lucha contra la Corrupción", "Revolución Productiva"....Bah, para qué seguir, no?

Todas las semanas tenemos más ejemplos: recuerdo ahora la búsqueda de la familia Pomar, el "rastrillaje Exhaustivo", la "Búsqueda por cielo y tierra", "no descartamos ninguna hipótesis"; para que después (24 días después), todo termine en el hallazgo del auto accidentado a 20 metros de la curva más peligrosa de la ruta más lógica para seguir...

En los párrafos anteriores, puse algunas palabras en mayúscula para que se aprecie la diferencia entre una forma pura y una degradada; cuando las pronuncian nuestros funcionarios lo hacen invocando ese mundo platónico, como si estuvieran habitando allí (al menos durante su horario de trabajo...).

En los países "normales", cuando una palabra se pronuncia con mayúsculas suele tener ese valor: imaginen un norteamericano hablando del Congreso o el Presidente y luego pongan esas mismas palabras en boca de un argentino y podrán apreciar la diferencia...

Ahora bien, ¿dónde entra ser un país antiplatónico como ventaja que nos ayude en la búsqueda de la felicidad nacional?. Ahí va la explicación, no sean ansiosos!!!

La cosa pasa por este lado: los argentinos nos hemos pasado años de nuestra vida (personal y social) esperando, anhelando diría, que esos absolutos fueran reales pero, en el fondo de nuestra mente, sabemos que "todo es igual, nada es mejor".

Y si yo acepto que algo no es perfecto puedo dar el primer paso para mejorarlo; si entiendo que el mundo de las formas puras no se manifiesta en mi lugar aprendo a hacer lo mejor que pueda con las fotocopias que me han tocado.

Esto no se ha dado hasta el momento porque, a mi entender, los argentinos queremos creer casi desesperadamente por pereza, por no salir de nuestra zona de confort y de victimización.
Si yo me creo que un Fulano o una circunstancia favorable, o un cambio del "otro" o una oferta salvadora o un milagro argentino o el próximo candidato presidencial me van a salvar y me van a hacer definitivamente feliz, ¿ para qué preocuparme por hacer algo yo, no?.

Pero si yo utilizo esa desconfianza básica, esa sensación de inestabilidad permanente para tomar medidas de prevención, para solidificarme y consolidarme en lo que me hace diferente, si desarrollo mi disciplina sin confiar en que del mundo de las formas puras se derramen maná y bienestar; en síntesis, si no dejo mi felicidad en manos de ninguna circunstancia (en la que en el fondo no creo) estoy dando un paso en la dirección correcta.

Si en el fondo (y ni siquiera muy en el fondo, apenas uno mira se ve, no es que tengas que ser Jacques Cousteau...) no creemos en las salvaciones mágicas, no creemos en la estabilidad y las buenas intenciones de nuestros dirigentes (y ojo: me refiero a todos aquellos que dirigen nuestra vida, no sólo a quienes nos gobiernan), ¿por qué no nos dejamos de esperar "mil horas, como un perro" y ponemos manos a la obra para mejorar lo que sabemos que está mal en nuestras vidas?

Queridísimo argentino, es hora de salir de nuestra cómoda/incómoda posición de víctima y empezar a desarrollar un hacer consciente, desarrollar con disciplina una actividad que nos acerque al concepto de felicidad que todos llevamos dentro.

Pero ya hablaré más profundamente de esto, cuando empecemos a diseñar nuestro camino hacia la felicidad.
Por lo pronto, me despido de ustedes con una frase llena de sabiduría incluida en una canción de Joan Manuel Serrat: "NUNCA ES TRISTE LA VERDAD, LO QUE NO TIENE ES REMEDIO"

miércoles, 20 de enero de 2010

Pichones de Clark Kent: La autoconfianza nacional

Se dice que en los aeropuertos internacionales se puede reconocer a un argentino a la distancia: aunque no se esté quejando (cosa excepcional, por otro lado...), tiene una actitud fácilmente reconocible, una forma de pararse, de hablar, de caminar que distingue a kilómetros a un criollo, al menos para nosotros, que tendemos a ver mejor en otra persona nuestro propio reflejo.

Y siempre hemos juzgado esa actitud como prepotencia, "agrande", egomanía (recuerden el famoso chiste: ¿Cómo se suicida un argentino?. Se tira desde arriba de su ego...) y demás defectos de la personalidad.

Creo que los argentinos tenemos la creencia que el Universo nos debe algo, que hay una promesa incumplida permanentemente, que estamos "llamados para las grandes cosas", "condenados al éxito"; tal vez esto nos haya quedado como remanente de los años de la "promesa argentina", ya que hace más de cien años estábamos considerados como una de las potencias emergentes mundiales, granero del mundo, el país con los cuatro climas, la pampa húmeda y otros mitos sobre los cuales fuimos construyendo un remedo de identidad.

Claro, con el tiempo y nuestros sucesivos gobiernos fuimos desmoronando esa ilusión...

Pero en el inconsciente colectivo debe haber quedado impreso de alguna manera esa sensación de poder; es como si fuéramos todos Clark Kent, el alter ego de Superman: somos poderosos, invulnerables pero para adentro, usamos anteojos pero no los necesitamos, nos disfrazamos de país bananero pero íntimamente sabemos que entramos a una cabina telefónica y salimos transformados en algo magnífico...¿Cómo no sonreirnos sobradoramente o mirar de costado al resto de los mortales?

Ahora bien, ¿dónde está la fortaleza en esto, si suena tanto como un defecto?: La cosa es así: si aprendemos a modular esa característica se puede transformar en autoconfianza: una sensación de certeza en nosotros mismos, la íntima convicción que, sin importar lo que suceda, sabremos "pilotear" la situación favorablemente.

Sin que esa certeza llegue a hacernos irresponsables (cosa que sucede muy a menudo), la autoconfianza es una cualidad que colabora en mucho a acercarnos a la felicidad.

Hay un texto de Marianne Williamson que Nelson Mandela citó en un discurso y creo que es atinente a este tema; quiero compartirlo con ustedes pero con una salvedad: me voy a permitir reemplazar la frase "Hijo de Dios" por "Argentino", para que se aprecie mejor el planteo que quiero hacerles (además, siempre hemos dicho que Dios es Argentino, no???). Espero que no se tome por una falta de respeto ni como intención de desvirtuar un maravilloso texto, sólo se trata de darle más énfasis al ejemplo.

"Nuestro mayor temor no es que seamos inadecuados. Nuestro mayor temor es que somos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: "¿quién soy yo para ser brillante, hermoso, talentoso, fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres Argentino. Hacerte de menos no es brindar un servicio al mundo. No hay nada inteligente en hacerte valer menos para que otra gente no se sienta insegura al lado tuyo. Todos estamos hechos para brillar, como lo hacen los niños. Nacimos para manifestar la Gloria de Dios que está en nuestro interior.

No está sólo en algunos de nosotros; está en todos. Y cuando dejamos brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos a otra gente permiso para hacer lo mismo. Conforme nos liberamos de nuestro propio temor, nuestra presencia libera automáticamente a otros".

Ya sé que leído así puede resultar irrisorio pero las palabras son muy adecuadas para levantarnos la moral y, de paso, pueden aportar salida a otro miedo nacional muy propio: creo que los argentinos vivimos con un temor irracional a una especie de Apocalipsis berreta que late siempre en nuestro horizonte.

Los Apocalipsis cinematográficos siempre viene acompañados de grandes efectos especiales, enormes derrumbes, explosiones grandilocuentes y casi siempre Bruce Willis caminando en cámara lenta...

Los argentinos tenemos un miedo al Apocalipsis silencioso, baratito, bien de Tercer Mundo: un ministro que toma una medida, un cambio de ley, una inflación inesperada, un corralito bancario; todas son imágenes que permanecen presentes en el inconsciente colectivo como modestas plagas bíblicas personales y sociales que nos llenan de inseguridad.

Si adequirimos autoconfianza, modulando nuestro natural agrande, podemos caminar en cámara lenta nosotros también hacia el ocaso con una sonrisa en los labios, pensando: "ESTO TAMPOCO ME VA A VOLTEAR".

Somos argentinos, mis amigos, supervivientes natos: en la isla de Lost, un argentino hubiera puesto un bar en la playa....

sábado, 16 de enero de 2010

El Gen Campanelli: Lo primero es la familia!!!

Perdón por la ausencia de estos días, una persistente otitis me mantuvo alejado del teclado pero es lindo, a esta edad, todavía tener enfermedades de chico...

La ausencia me sirvió para reflexionar sobre el próximo ítem que quiero compartir con ustedes, referido a las fortalezas que se encuentran en nuestro carácter nativo.

Y esto es la idea de pertenenencia a una familia:

Tal vez por nuestras raíces itálicas y españolas , quizás porque si no tenemos algún tipo de resguardo permanente el viento nos hubiera llevado hace rato; el caso es que para los argentinos la familia es un valor importante.



Allá por los dorados años 60 daban los mediodías de domingo un programa que tal vez los memoriosos recuerden: "Los Campanelli"; la historia no era más que replicar la ceremonia de la pasta de los domingos en una familia tana, con la suma de hermanos, cuñadas y cuñados, nietos y demás integrantes, con el pater familiae en la cabecera de la mesa y una frase que definía las infaltables discusiones a la hora de comer: "Se callan la boca o angarro la mesa y vola todo por el aire!!!!", con lo cual las diferencias quedaban silenciadas y se restablecía la armonía alrededor de los ravioles caseros de la mamma...



Igual, en el transcurso del programa se veía el apoyo de la familia, el auxilios de todos en pos del necesitado, los consejos ante los conflictos personales que cada uno llevaba a la mesa familiar.



Este estilo de programa se repitió, con distintos protagonistas, a lo largo de todas las épocas pero nos siguió mostrando a los argentinos un modelo que está inserto en nuestros genes celestes y blancos.



La manera en que nos relacionamos con nuestra familia y el apoyo que la misma nos representa (más allá de situaciones particulares, obviamente) puede resultar un puntal desde el cual proyectar nuestra idea de felicidad.



A diferencia de otros países, donde los hijos abandonan el nido apenas llegados a la adolescencia, en nuestro país esta etapa de la vida se prolonga y nos brinda una plataforma sobre la cual podemos proyectar con cierta placidez nuestro futuro.



Ojo, cabe una aclaración importante: si una plataforma de lanzamiento se transforma en un estacionamento permanente, estamos en problemas...La idea de la familia como soporte no debe convertirse, bajo ningún concepto, en una constante, sino que puede darnos una cierta seguridad, un empuje que nos proyecte a nuevos y mejores lugares.

Tal como se define muchas veces, para los argentinos suele ser cierto eso que "la familia es la célula básica de la sociedad"; si bien para algunos puede ser una célula terrorista, para la gran mayoría está aceptado culturalmente que nuestra familia es un lugar de reposo, un oasis en medio del desierto que nos toca atravesar como sociedad.

Es bueno que sepamos, en esta carrera hacia la felicidad que emprendemos a partir de ahora, saber dónde están los boxes, quiénes son los mecánicos que nos auxiliarán, dónde están nuestras postas.

Además, la familia nos da un sentido de pertenencia que no solemos tener en otros ámbitos; en la familia nos podemos sentir parte de un todo mayor que nos define e identifica con un grupo, nos podemos poner más allá de nosotros mismos y salir de nuestro habitual encapsulamiento, lo que como argentinos nos hace bastante falta.

Habrá que ver cómo podemos ir avanzando hacia extender los límites de nuestra familia de sangre para que abarque más cantidad de gente, pero eso ya es otra historia...

jueves, 14 de enero de 2010

Amigos son los amigos!!!

Otra fortaleza de los argentinos es nuestro profundo sentido de la amistad.

Ya lo preveo, ante esta afirmación tan rotunda comenzarán a aparecer las voces de aquellos defraudados por alguien a quien pensaban amigo y que les pidió una garantía o al que le prestaron plata y no apareció más, las típicas defraudaciones que todos hemos sufrido en alguna ocasión.

Y eso no invalida mi postura sino todo lo contrario: en esos casos, cada uno de los que hemos pasado por ese abuso de confianza éramos la perfecta representación de la amistad tal como la entendemos por estos pagos...

He escuchado gran cantidad de quejas y lamentos de gente que vive o vivió en Europa o Estados Unidos y que no logró cimentar vínculos en otras tierras, que las amistades verdaderas siguen siendo las que dejaron acá o las que recuperaron a su vuelta; recuerdo ahora en particular la de una amiga que vivió veinte años en Italia, dueña de un restaurant y con gran actividad tanto comercial como social.

Al tomar la decisión de volver a Argentina, vende su casa y su negocio pero con un desfasaje de tiempo, por lo que debió entregar su casa un mes antes de su fecha de retorno. Bien, en esa coyuntura tuvo que permanecer dos semanas "escondida" en su negocio, con familia, perros y gatos incluidos, ya que ningún "amigo" italiano se prestó a hacerle un lugar en su casa, hasta que una conocida catamarqueña les dio asilo hasta que volvieron al país.

En los países "normales" la gente está abocada a su trabajo y su propia familia de manera casi excluyente, no es muy común la familia extendida que implica la amistad en la Argentina.

Me dirán que esto es el secreto del éxito de los demás países, cuyos ciudadanos no pierden el tiempo en interminables sobremesas, en asados (con toda la ceremonia que implica su preparación), en charlas telefónicas o de café (de las que hemos hecho casi un género literario); que los japoneses se dedican a trabajar de sol a sol y por eso les va como les va, que los yanquis están con sus carreras, sus universidades a full y que son serios para hacer las cosas y todos los argumentos que quieran, pero yo no cambio todo el Primer Mundo por el calor que me da en el alma al ser invitado a un asado con gente que quiero, por un café en el Bar El Cairo con algunos de mis compañeros de la secundaria, por una conversación con mi amigo Marcelo desde Santa Fe donde nos contamos las últimas películas que vimos (con lujo de detalle...) y después compartimos penas y alegrías de la vida.

Los argentinos, usando una frase muy común pero no por eso menos cierta, hacemos de la amistad un culto: le dedicamos tiempo, una organización (la famosa "peña de los jueves" o el partido de fútbol de los sábados...), la damos y la esperamos de la misma manera y establecemos códigos que se respetan a muerte, al amigo que los transgrede le toca el ostracismo y la soledad.

En nuestra búsqueda de la felicidad, los argentinos podemos apoyarnos sólidamente en el círculo áulico, en ese pequeño Olimpo de café o quincho que llenan a nuestros amigos; siempre de un amigo vendrá una mano, una palabra, un consuelo; en resumen, alguien que nos recuerde quiénes somos y todo lo que valemos.

Y eso no es poco decir...

miércoles, 13 de enero de 2010

El Pato Fénix, nuestro pájaro nacional

Otra virtud que tiene la residencia en nuestras costas tiene que ver con la posibilidad de caerse y levantarse tantas veces como la voluntad lo permita.

Creo que los argentinos somos una cruza de Pato Criollo con Ave Fénix: nos podemos mandar una deposición por paso pero también podemos resurgir de nuestras cenizas como el ave mitológica.

Como país, nos hemos levantado de crisis que aparecían como terminales, que hubieran transformado en un desierto a cualquier país con menos recursos; además venimos pasando por los desatinos de muchos gobiernos y vamos saliendo adelante, más o menos heridos pero seguimos con nuestras vidas.

Como personas, conozco infinidad de ejemplos de connacionales que se han caído y levantado varias veces, aprendiendo de cada derrota transitoria y que han vuelto a tener oportunidades de resurgir. Es claro, hablo que se puede generar la oportunidad, no que el país la haga más fácil; pero me pregunto si, en sociedades más exitistas que la nuestra, se le vuelve a dar una chance al "perdedor"...

No cabe duda que no es la situación ideal, sería preferible que no tuviéramos que pasar por tantos sufrimientos pero este escenario nos viene dando cierta resistencia o, hablando más apropiadamente, resiliencia.

Tal como los atletas que entrenan ciertas partes de su cuerpo según la disciplina en la que quieren destacarse, los argentinos hemos desarrollado en estos años los músculos de la supervivencia.

En otros países (los llamados "normales"), la pérdida del crédito personal equivale a la muerte civil, acá es una circunstancia desgraciada pero no definitiva.

Esto, claro está, siempre y cuando pongamos en movimiento la voluntad de seguir adelante.

Saber que existe la posibilidad de revancha nos da la chance de arriesgarnos, de saber que no todo es una cuestión de vida o muerte, que algo nos puede salir mal porque luego lo podremos hacer mejor, que las caídas son definitivas sólo en la medida que decidamos que sea así.


videoAcá les adjunto una escena de Rocky VI, un personaje que, si bien no brilla por sus dotes intelectuales, ofrece una simple filosofía de la vida que los argentinos deberíamos tener muy en cuenta en nuestra búsqueda de la felicidad.

Tener en cuenta este dato nos puede dar una sensación de liviandad y de esperanza que nos viene muy bien en medio de tantas tormentas...

martes, 12 de enero de 2010

Vamos por las buenas: La Familia Robinson Versión Criolla

¿Se acuerdan de esa serie?. Creo que estaba producida por Disney en los años 60 y era sobre una familia que naufragaba en una isla desierta; nosotros los veíamos ya instalados con gran comodidad, en cabañas en los árboles, sistemas de agua, pasarelas en los árboles y creo que hubieran tenido Wi Fi y Playstation hecho de coco si hubieran existido en esa época...

Los televidentes no sabíamos cómo habían llegado a estar tan cómodos en condiciones tan críticas, obviamente eran ingeniosos y podían hacer con pocos elementos cosas asombrosas.

Algo así nos sucede a los argentinos: como nos hemos tenido que arreglar "con lo que hay" aprendemos a hacer a pesar de los faltantes.

Mal utilizada, esta facultad nos lleva al "masomenismo" que mencioné en una nota anterior pero bien usada nos permite salir adelante y desarrollar herramientas y recursos que son válidos tanto para la supervivencia como para el progreso.

En los países "normales" existen herramientas para todo, exagerando un poco podríamos decir que hay destornilladores y atornilladores; acá nos tenemos que arreglar con un tramontina despuntado y una cucharita de café. Lo milagroso es que obtenemos resultados parecidos con muchos menos elementos.

Yo he tenido la fortuna de ser testigo de muchos de estos pequeños "milagros argentinos"; fui socio de un técnico de alimentos, puesto a trabajar como encargado de mantenimiento de una Obra Social que había comprado un importante sistema informático, único en el país en esos tiempos, al que tenían que venir a instalar ingenieros capacitados en Estados Unidos, dada su aparente complejidad.

Como esta visita se demoraba, él pidió permiso para estudiar los manuales e intentar la instalación, armado sólo con sus conocimientos de inglés, mucha paciencia y varios termos de agua caliente para el mate...

Conclusión: a los 10 días el sistema estaba instalado y funcionando perfectamente; hoy este muchacho es titular de una importante empresa de informática del interior del país.

Recuerdo que hace años llegaron al país los primeros encendedores descartables pero como parece que no toleramos el tirar algo que aún puede servir, en poco tiempo en los kioscos aparecían cartelitos que ofrecían instalar una válvula de recarga para no descartar lo descartable.

Tenemos un caudal de ingenio desarrollado por la necesidad, al igual que los náufragos de Disney, que nos permite resolver problemas, salvar obstáculos, inventar caminos alternativos, desarrollar habilidades en caso de necesidad, sacar a relucir recursos nunca usados.

El coaching ontológico define cuatro áreas del conocimiento humano: Lo que sé que sé, lo que sé que no sé, lo que no sé que sé y lo que no sé que no sé; puede sonar a trabalenguas pero se los explico: lo que sé que sé es el conocimiento del que soy consciente y utilizo habitualmente ( digamos la profesión que hemos estudiado); lo que sé que no sé es la zona en la cual me puedo llegar a capacitar (digamos, tengo que radicarme en un país y estudio su idioma); lo que no sé que sé es el área del conocimiento "de emergencia" (me peleo en la calle y descubro que sé defenderme) y lo que no sé que no sé es la zona más oscura: el conocimiento que necesito pero desconozco mi necesidad (por ejemplo: creo que realizo bien una tarea hasta que me encuentro con alguien que la sabe hacer bien de verdad).

Los argentinos nos vemos en la obligación, por las características mismas de nuestro mapa emocional, de sacar a relucir permanentemente herramientas de la zona del "no sé que sé".

Y eso puede transformarse en una fortaleza que nos auxilie en nuestra búsqueda de la felicidad.

Vemos siempre como una enorme injusticia (y sin duda lo es...) a los profesionales dedicándose a otras actividades porque en su área no pueden desarrollarse pero, visto desde otro ángulo, esto es un recurso nacido de la necesidad y que, si no nos resiente, nos da la chance de evaluarnos desde otra óptica: Somos capaces de reinventarnos en momentos de necesidad.

Se los desarrollo con otro ejemplo: conozco una persona que ocupaba un cargo medio en un importante banco que cerró en la masacre financiera de los noventa, con lo que se quedó sin trabajo y sin chances de conseguirlo en el corto plazo. En vez de lamentarse, este argentino se puso un carro de pororó (pop corn, en fino), de allí pasó a tener un puesto de choripán, luego estudió enfermería, alcanzó una licenciatura en esa carrera y se ubicó en una importante institución; al cabo de algunos años de esfuerzo y de descubrir muchas cosas de sí mismo disfruta de un standard de vida tal vez mejor que el que tenía en su puesto anterior, nunca dejó de sostener a su extensa familia, compró su vivienda...En fin, personas dignas de admiración como ésta hay a montones en nuestro país, sólo hay que saber descubrirlas, mirando más allá de las apariencias.

Seguro que ustedes conocen muchas también; ojalá éste pueda ser un lugar donde ir descubriendo estas historias que también nos definen como sociedad y como individuos.

Los dejo por hoy, seguiremos mañana descubriendo nuestras virtudes y fortalezas.

lunes, 11 de enero de 2010

Vamos a las recetas...

Lo del título viene a cuento de un comentario que recibí de un querido amigo, psicólogo él, que me dijo, medio en broma medio en serio, que estaba esperando leer acá las "recetas" para la felicidad.



Acá vale una aclaración: En realidad este blog no tiene la intención de desmentir o afirmar que existan las "recetas infalibles" para la felicidad, pero muchas de las que yo, junto con miles de argentinos, he leído (todos best sellers "de autoayuda" escritos por importantes autores) me recordaron a esas recetas del Canal Gourmet que llevan filet de mero, alubias, curry hindú picante y endivias: cuando voy al almacén de mi barrio no tienen nada de todo eso, más allá de las risas del carnicero...



Es decir, estas recetas desconocen el contexto en el que nos movemos habitualmente los nacidos y criados en estas pampas. Sin entrar a críticas particulares, ya que sería interminable, ¿alguien me puede explicar cómo mantengo el "pensamiento positivo", el eje en mis energías esenciales y la mentalidad de inversor en Wall Street mientras estoy mirando Crónica o TN, haciendo un asado o leyendo las últimas declaraciones de Maradona?. Se hace complicadito...



Entonces, y aclarando mi propósito, este blog se propone definir en grandes y generalísimos rasgos el escenario nacional, para que con ese mapa podamos encarar con seriedad la búsqueda individual (si supiera cómo hacerlo a nivel nacional me postulo para Presidente) de la felicidad, tal y como un argentino la puede concebir, diseñar y perseguir.



Creo que ya estuvo bien con las pálidas: los argentinos, en general, somos soberbios, no sabemos dialogar, siempre tenemos un "otro" al que culpar, soñamos con las salvación inmediata, no tenemos demasiados referentes válidos para emular, somos quejosos, no nos gustan las normas, usamos la viveza criolla como herramienta de supervivencia, nos cuesta horrores armar equipos y una larga lista más....

Ahora bien, me pregunto: ¿es lo único que tenemos o, además de las debilidades, tenemos fortalezas?

Porque también existe un discurso que se difunde mucho entre nosotros (y que seguramente ustedes han escuchado hasta el hartazgo), que dice que "esto es un desastre y siempre va a ser así, nosotros no tenemos arreglo, somos así, acá habría que poblar el país con japoneses, el país es bárbaro sino fuera por los argentinos..." y otros mensajes que buscan bajar aún más nuestra ya alicaída autoestima (porque, aunque gritemos mucho para disimularlo, tenemos baja la autoestima...).

Yo estoy convencidísimo que tenemos una gran cantidad de virtudes y fortalezas que no conocemos o no explotamos como es debido en esta búsqueda de la felicidad, que si bien es universal y común a todos los seres humanos, tiene necesariamente que respetar nuestro particular modo de ser y vivir.

Porque, por más que resulte obvio, no quiero dejar de decir que no es lo mismo la felicidad argentina que la norteamericana, la japonesa, la somalí o la europea; nosotros tenemos que descubrir y desarrollar nuestra propio modo de ser felices (¿se acuerdan cuando se hablaba en el fútbol de "hacer la nuestra"?).

Lamentablemente, siempre nos han vendido la idea que, para alcanzar algo parecido a la felicidad, teníamos que resolver TODOS nuestros problemas estructurales, vivir en una sociedad distinta, llena de abundancia y de oportunidades, tener políticos probos y eficientes y demás utopías.

Creo que es por esto que muchísimos compatriotas se fueron a vivir a otros países (aclaro: no desconozco las razones económicas y políticas del exilio, sólo las complemento): porque se creyeron que en nuestro país no está disponible la felicidad, bajo esta bandera es imposible ser feliz.

Yo sostengo y vivo con esa premisa que la felicidad argentina es posible, que los nacidos en estas tierras tienen la misma chance que en cualquier lugar del Primer Mundo de desarrollar una vida armónica, satisfactoria, plena, que nos lleve a gritar, imitando a Alterio: "¡¡¡ LA PUTA QUE VALE LA PENA ESTAR VIVO !!!"

Así como tenemos taras, complejos, actitudes negativas, miserias y demás yerbas (que habría que analizar si no existen en nuestros tan admirados países del Primer Mundo), también tenemos virtudes, belleza, fortalezas y aptitudes en las que nos apoyaremos para alcanzar la felicidad.

A partir de la próxima entrada las iremos descubriendo...

domingo, 10 de enero de 2010

Nuestros mejores malos ejemplos

Las identidades nacionales, al igual que la de las personas, se van constituyendo por imitación. Uno va absorbiendo de los padres, abuelos o ancestros distintas formas de pensar y hacer que con el tiempo y la repetición nos definen.

Para la construcción de una identidad nacional son válidos además los próceres, los íconos culturales y, en un terreno más pedestre, los personajes de la cultura contemporánea que se constituyen en ejemplos de éxitos y valores.

Si nos fijamos un poco, nuestros odiados y admirados norteamericanos han ido constituyendo su identidad con base en algunos pilares fundamentales: Si revisamos sus próceres, todos acompañaban su carácter guerrero con dotes morales, como Washington, o sentaban bases filosóficas para la Constitución del país, como Franklin o eran inventores que inspiraban a sus contemporáneos y a las futuras generaciones, como Edison .

En tiempos más recientes aparecen figuras como Bill Gates y Steve Jobs, que revolucionan el mundo a través de la informática.

De todos ellos sabemos que tuvieron que atravesar grandes dificultades y persistir en su empeño para llegar a alcanzar el éxito. Hace poco leí un comentario sobre un best seller en USA, "El Millonario de al Lado", que cuenta las historias de millonarios y descubre que el 80% de ellos en Estados Unidos no son descendientes de Rockefeller sino laburantes que con una buena idea, esfuerzo, disciplina y constancia lograron amasar fortunas.

Cómo íconos de la cultura popular tenemos al "self made man", el hombre hecho a sí mismo, que logra salir de la miseria a través de su esfuerzo y voluntad inquebrantable.

Todos hemos visto cientos de películas que cuentan estas epopeyas: "En busca de la felicidad" , con Will Smith, es muy representativa pero no se puede dejar de nombrar a las seis (¡¡¡¡seis!!!)Rockys como otro excelente ejemplo.

En todas ellas el americano encaja los dientes, soporta los golpes del destino (o de un negro o ruso gigantesco) y sigue adelante, convencido de su fortaleza y su triunfo final.

¿Cuántas veces Bruce Willys lleva salvado el mundo o a un enorme número de personas, con la fuerza de las armas, una camiseta raída y un buen cabezazo?.

Ni hablar de Batman, que transforma una tragedia personal en la defensa del ciudadano de Ciudad Gótica; o Spiderman y la frase de su tío: "Un gran poder implica una gran responsabilidad".

Y por casa, ¿cómo andamos?. Hagamos un pequeño repaso: Moreno envenenado, San Martín, Rosas y Sarmiento muriendo en el exilio, Roca fertilizando el desierto con sangre de indios (cosa que no dio ni para una película, ya que parece que nuestros indios no tenían glamour o no eran fotogénicos), Irigoyen y su diario particular, Illia derrocado, Perón entregando el gobierno a su mujer y a un ministro siniestro (cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia...), generales de cuyo nombre no quiero acordarme y mejor que paremos ahí porque me deprimo...

¿Y los íconos culturales?. A ver: El Dr. Merengue, rey de la simulación, Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia, Patoruzú, un indio que se le escapó a Roca vaya uno a saber cómo, que repartía billetes en fajos y tortazos a granel al grito de "huija, chei", Isidoro Cañones en un descapotable, con Cachorra al lado y un vaso de whisky en la mano entrando a Mau Mau y así hasta llegar al inmortal Inodoro Pereyra, el Renegáu, que creo es nuestro más típico representante cuando saluda al "cómo anda" con un "Mal, pero acostumbrao..."


¿ Científicos? Favaloro se pegó un tiro en el lugar que le enseñó a cuidar al mundo...

¿Pensadores? Mariano Grondona prendiendo un habano (supongo que cubano no...) y contándonos cómo se dice "golpe militar" en griego...

¿ De dónde nos agarramos, de quién nos referenciamos como pueblo y como individuos los argentinos ?.

Ojo, no digo que no tengamos modelos para seguir, los tenemos y de a cientos; digo que tienen poca prensa, que parece que los buenos ejemplos y los valores reverenciados y seguidos por generaciones en otros países acá no te levantan un punto de rating; si en USA los adolescentes quieren ser (y estudian para eso) como Steve Jobs, el creador de Apple y Pixar, acá nuestros púberes (y no tanto) quieren ser como Ricardito Fort, el heredero de los Chocolatines Jack con sorpresa...

Y claro, esto nos enfrenta a otra dificultad: si no tengo el apellido, si no me tocó en suerte la herencia del abuelo, estoy en el horno...

sábado, 9 de enero de 2010

De por qué el tango se llama "Uno" y no "Dos o más"...

El tango, una de nuestros géneros musicales por excelencia, nos da numerosas claves para descifrar la idiosincracia nacional, en las que tal vez avanzaremos en algún otro momento.

Pero hoy quiero usarlo como excusa para hablarles de otra cosa: nuestra tendencia natural a las Ideas Excluyentes, o I.E.: Estas siglas (que sirven para definir a la Inteligencia Emocional, vaya casualidad...) nos darán una idea clara de cómo funciona la lógica nacional.

En nuestro país nos resulta muy difícil (por no decir imposible) establecer diálogos. En el origen de la palabra "diálogo" se encuentra logos, que en griego significa razón, por lo que entablar un diálogo implica el reconocimiento de que existen dos o más razones que la que traemos puesta nosotros.

Al criollo promedio esta idea se le hace cuesta arriba por lo siguiente: si existe otra razón que no sea la mía implica que puedo llegar a estar equivocado, con lo cual el frágil andamiaje que sostiene mis acciones corre el riesgo de desmoronarse y no sé si podré levantar otro.

Esto termina siendo la raíz de la escasa cooperación que existe al encarar un proyecto, ya sea de país o cualquiera en una escala menor, ya que lo importante pasa a ser la defensa de mis ideas (o mejor dicho de mi idea, ya que con este sistema nos resulta difícil generar más de una...) antes que llevar a buen puerto una tarea, una empresa o un país.

También ésta puede ser una de las causas por la que los argentinos reclamamos gobiernos fuertes y de un estilo caudillista: Nos resulta más comprensible seguir a una figura fuerte, carismática y que exprese sus ideas en forma contundente que a una serie de principios filosóficos o ideológicos elaborado por un consejo de hombres sabios o por una tradición determinada.

¿Y qué hacemos los argentinos en vez de dialogar?. Ahhh, muchas cosas: charlamos, discutimos, polemizamos, argumentamos, nos excusamos, nos defenestramos mutuamente, nos descalificamos (recuerdo aquí una frase de Dolina, que contaba que para desacreditar la opinión de una persona con respecto a lo caro de las expensas en una reunión de consorcio, se decía "¡¡¡Callesé usted, que todo el barrio sabe que levanta quiniela!!!", como si tuviera algo que ver la idea con el origen de la misma), nos gritamos, nos provocamos y hasta algunas veces, muy pocas, nos agarramos a trompadas.

Hace dos días tuve ocasión de ver un debate político en un programa periodístico entre dos congresistas, uno de la oposición y otra del oficialismo, en el cual se acusaron mutuamente de una larga lista de canalladas, traiciones a la patria, curros diversos y defecciones. Menos mentarse a la madre, de todo...

Al finalizar, y habiendo terminado, como todos los "diálogos" que encaramos los argentinos, sin haberse acercado ni un tranco de pulga las posiciones, se apagan las luces del estudio pero una cámara nos sigue mostrando a estas dos personas que, en penumbras, se acercan y se dan un beso cordial...

En nuestra querida patria, nadie va a un encuentro o un intercambio de ideas bajo el concepto de ser modificado, cambiado o al menos acercado a un nuevo concepto o criterio; vamos para imponer nuestra forma de pensar o de actuar, para mostrarle a los demás quién tiene la razón o por qué hay que hacer las cosas como yo digo...

Según Marx, esto se llama "contradicción antagónica", cuando dos ideas no pueden convivir bajo ingún aspecto o circunstancia histórica, como burguesía y gobierno del proletariado. En la Argentina aplicamos la teoría de la I.E. en todas las circunstancias de nuestra vida, desde las decisiones políticas de alto nivel a cuál es el alfajor más rico...
¨
Tal vez somos todos marxistas y no nos hemos dado cuenta....

viernes, 8 de enero de 2010

Quejas de bandoneón...

Otra de las características nacionales es la visión de "vaso medio vacío", un clima de decepción permanente sobre la diferencia entre lo que las cosas son y lo que deberían ser.

Basta que se junten dos argentinos para que el rimero de quejas y protestas se torne interminable; esto lo he escuchado al decir de gente a la que le va muy bien ("pero...¿sabés lo que sería si el país anduviera mejor?"), de gente a la que le va regular ("Y sí, bastante bien, pero viste lo que es este país, no se sabe hasta cuándo...") y de gente a la que le va mal ("Y qué querés, con este país de mierda...").

El que tiene mucho está preocupado por la inseguridad, el que tiene poco por no perder lo que tiene y el que no tiene nada porque nunca lo van a dejar tener algo o le van a dar algo.

Tenemos como una sensación de pérdida inminente, de tsunami que se levanta en el horizonte y que nos llevará el escaso margen de bienestar que supimos conseguir.

Esto hace que generemos profecías autocumplidas: Pensando que siempre nos va a ir mal generamos las condiciones para que eso pase.

Por eso los argentinos de dinero invierten en el exterior, los de clase media consumen espasmódicamente, se guarda dinero en los colchones (si al Gobierno se le ocurriera hacer una requisa general de colchones y sommiers superaría a cualqueir corralito...), se corre a comprar dólares (yo me pregunto: ¿qué comprarán los yanquis en tiempos inestables? ¿pesos argentinos?, ¿euros?).

Hace un tiempo que implemento un saludo que creo me ubica en un lugar diferente: cuando alguien me pregunta ¿cómo anda la cosa?, respondo: Lo que está bien, fantástico; el resto lo tengo que arreglar.

Y juro ser totalmente honesto en este sentido: como buen argentino nacido y criado en estas tierras, he pasado por todas las crisis habidas y por haber, he tenido, perdido y recuperado propiedades y bienes diversos, trabajos, dinero y demás pero nunca he sentido que "estaba TODO mal".

¿Somos del todo justos con nuestra suerte cuando decimos que está todo mal?. Como país, nos hemos recuperado de cada crisis terminal, de cada caos institucional en el que nos hemos metido (Así como los norteamericanos decían en la II Guerra Mundial: "Remember Pearl Harbour" nosotros deberíamos decir: "¡¡¡Remember 2001!!!"...), nos hemos caído y levantado en muchas oportunidades y no es descabellado decir que como individuos también; conozco poca gente de mi edad que no haya atravesado alguna crisis vital, laboral, económica o afectiva (y hagan una pequeña encuesta en su entorno y verán que la verdad no está tan lejos).

Cuando de verdad está TODO MAL, no hay manera posible de levantarse, nos hundimos sin remedio, no hay recursos o herramientas que nos saquen adelante; tal vez alguna pueda pasarnos esto como personas (aunque yo estoy convencido que siempre se puede aprender algo nuevo que nos saque adelante) pero como país, en vista de nuestra historia reciente y no tanto, es muy difícil que nos podamos hundir hasta el fondo, aunque a veces nos dé la sensación que estamos viviendo en un submarino...

jueves, 7 de enero de 2010

La Anomia: El Síndrome Nacional

Miren que justo nuestro Gobierno, con el tema del pedido de renuncia al Presidente del Banco Central, me da tema para la nota de hoy...Gracias!!!

A los argentinos nos aqueja un mal endémico al que no se le presta atención como al dengue y es la anomia: una alergia incontenible a las normas y leyes.

Siempre hemos considerado que las reglas, leyes y normas están hechos para los demás, que no son para que las cumplamos nosotros; de allí que cada gobierno que asume quiere cambiar las reglas de juego o, mejor aún, que no existan reglas de juego, cosa de poder ejercer su voluntad soberana sin interferencias.

Anoche veía en un programa periodístico las declaraciones de legisladores del oficialismo que explicaban, con un perfecto razonamiento argentino, el porqué de esta crisis institucional: parece ser que a la Presidente la animan las mejores intenciones de aprovechar un momento de tasas bajas internacionales para renegociar deuda y gestionar préstamos (cosa en al que todos estaremos de acuerdo, convengamos que para gobernar hace falta plata y para eso hay que pagar lo que se debe...) y se encuentra con un límite a todas luces ridículo: hay leyes y normativas que le impiden disponer como mejor le parece del dinero...

Y también dicen que los gobiernos anteriores siempre han hecho lo que se les dio la gana con el Banco Central, por lo que no entienden por qué tanto lío porque ellos quieren hacer lo mismo, con lo cual llegan a la conclusión que "la cosa es contra nosotros, no nos dejan gobernar para el bien del pueblo..." y otros etcéteras.

Cuando vemos con lógica argentina esta cuestión, el Gobierno tiene razón: yo quiero hacer algo pero hay una norma o una ley (con la cual yo no tengo nada que ver, ya que no la escribí) que me lo impide; ergo, la ley está equivocada o no comprende mi particular situación y mis intenciones.

Si hay alguien a quien no le haga acordar algo que le haya pasado en su vida, debe ser ciudadano suizo...

Hace poco leí en el diario local una carta de lector contando que viajaba por una ruta cordobesa con las luces apagadas, lo detiene la policía caminera y le labra una multa. A esto el infractor, tan argentino típico como el asado de tira, declama que "es cierto, yo tenía las luces apagadas pero no era mi intención cometer una infracción, simplemente me olvidé, por lo que no entiendo por qué tengo que pagar una multa" y terminaba prometiendo no volver nunca más de vacaciones a Córdoba y aconsejaba hacer lo mismo a los lectores.

¿ A alguien a quien no le haya asaltado este pensamiento en una situación similar?: "Bueno, ya sé, pasé el semáforo en rojo pero no es para tanto...", "Y sí, estoy debiendo impuestos pero no soy el único...", "Mirá, como está la cosa ahora no sé cómo quieren que pague...", "Sí, llegué una hora tarde pero no sabés cómo estaba el tránsito...".

Nuestras intenciones siempre son buenas, si no cumplimos las normas es porque la norma no nos tenía en cuenta a nosotros, que somos especiales...

No nos asombremos entonces que un Gobierno (cualquiera, no me meto en cuestiones políticas en esto, tengo la íntima convicción que esto siempre ha sucedido y seguirá sucediendo mientras elijamos a connacionales como gobernantes) quiera hacer un bollo con las leyes y guardarlo allí donde no da el sol para hacer lo que le venga en gana.

Es más, en cuanto la normativa existente no coincide con nuestros deseos, pedimos la abolición de la misma o al menos que las autoridades le pasen por encima (de allí el "hay que matarlos a todos"...) para que las leyes se ajusten más a nuestros deseos o necesidades emocionales del momento.

Nos cuesta horrores entender que hay cosas que deben mantenerse permanentemente, que hay reglas de juego que es preferible que se mantengan como están, gobierne quien gobierne y hasta que esté consensuado cambiarlas para el bien común.

Todos los países que han prosperado tienen en común políticas de Estado que permanecen inalterables gobierne quien gobierne. En nuestro país, cada gobernante que asume procura demoler lo anterior, partiendo de la base que "seguro estaba equivocado y yo voy a hacer las cosas mucho mejor".

Me dicen que en el exterior, los argentinos son una maravillita: cumplen las reglas, no tiran papelitos en el piso, frenan cuando cruza un peatón...¿Será que acá no lo hacemos "porque no voy a ser yo el único gil que lo hace"?.

Los dejo con la pregunta...

miércoles, 6 de enero de 2010

El Gran Golpe: Cómo aspiramos a salvarnos

Otra de las características que nos definen es una cierta clase de perpetua esperanza, de ingenua expectativa: Siempre hay algo en nuestro horizonte que nos va a "salvar" de un sólo golpe.

Un negocio que nos saca de pobres, una idea genial que sólo tenemos nosotros y que alguna vez pondremos en práctica, un golpe de fortuna que nos saca de perdedores de una sola vez y para siempre.

El objetivo nacional es ser millonario, no tener que trabajar nunca más, vivir de rentas y que nuestra vida transcurra a partir de allí como si nos mudáramos a Disneylandia.

Todos los argentinos conocemos a alguien (o conocemos a alguien que conoce a alguien) cuya historia nos cuenta que "el tipo no tenía un mango pero un día....(y acá se completa la leyenda particular: "le dieron unas tierras fiscales que no valían nada y se la compraron en varios millones de dólares" o "se le ocurrió lo de los call center, puso uno y se llenó de guita" o " compró una videocassetera robada y adentro se encontró cien mil dólares" o "el tipo era una rata pero se casó con una mina de mucha plata, el suegro se murió y él quedó a cargo de todo" o "no, pasa que éste era amigo desde pibes con un político que lo acomodó en unos negocios y se paró para toda la cosecha"; al menos son algunas de las que yo he escuchado, cada quien tendrá su propia colección).

Todas incluyen un componente milagroso: un momento de iluminación, un fulano que te salva, un golpe de suerte...

Yo diría que Roberto Arlt fue quien transcribió este mito nacional de la mejor y más descarnada manera. El cuenta que Erdosain caminaba por un barrio de mansiones elegantes mientras pensaba: "Ahora va a salir de alguna de estas casas un millonario que me debe estar mirando por su ventana y me dirá: usted tiene la mirada de un hombre que sufre, dígame en qué puedo ayudarlo. Entonces él le contaba de su invento (la rosa de cobre), el millonario se lo financiaba y Erdosain salía de su oscuridad y miseria para siempre.

O, en un terreno menos existencialista y mucho más gracioso, el Negro Fontanarrosa en su cuento "Los Especialistas", donde narra la charla entre dos habitués del bar El Cairo, que siempre traen en carpeta el "negocio salvador": una cadena de estaciones de servicio para autos eléctricos o la construcción de un centro recreativo, con hotel 5 estrellas y helipuerto, en las islas del Paraná, para lo cual "ya están los inversores, viste que los europeos están mucho con el tema de la ecología...", para terminar intentando vender un aviso en una revista barrial...

Lo mejor del caso es que en los dos ejemplos literarios los protagonistas se creen verdaderamente la posibilidad, están convencidos que es posible la salvación automática; estos geniales autores sólo tomaron algo que circula en nuestro inconciente colectivo y lo pasaron a palabra escrita.

Esta idea solemos trasladarla también al terreno político y social; siempre tenemos la esperanza (y casi siempre la transformamos en expectativa) que el gobierno que asume "nos va a salvar", que el hombre providencial de turno traerá las políticas que nos van a favorecer de inmediato; tal vez esto nos venga desde los lejanos tiempos del peronismo, cuando aparecían en las casas argentinas los panes dulces, las máquinas de coser y los vestidos de novia que el pueblo necesitaba, además de las vacaciones, el trabajo o la casa propia.

Tal vez entonces se incorporó en nuestro código genético criollo la desmesurada espera de La Salvación.

El problema es que esta manera de pensar nos declara impotentes, sólo queda esperar que el Gran Milagro Nacional se realice (o que lo realice otro...); si no pasa, la culpa no es nuestra sino del "Otro" que no hizo lo que tenía que hacer o la mala suerte que no nos deja alcanzar nuestro destino de grandeza...

Bueno, los dejo por hoy, tengo que ver los resultados del Quini 6...

martes, 5 de enero de 2010

A ver cómo salimos...

Un lector me hizo llegar un gentil y atinado comentario con respecto a lo deprimente que resultaba leer la lista de defectos argentinos (yo diría que son características, hay una sutil pero gran diferencia).





Que "leerse" acá puede resultar un ejercicio penoso que hace pensar que no se puede cambiar nada, con lo que la pretendida felicidad se hace cada vez más lejana y esquiva, ya que en estas condiciones es harto difícil perseguir algo.



Así como Peter Pan vive en el País del Nunca Jamás, nosotros venimos viviendo hasta ahora en el País del No Se Puede. Si hasta tenemos una comedia musical con el título más argentino que puede imaginarse: "Aquí no podemos hacerlo"...




Así que, antes que agarren el pasaporte o el frasco de pastillas quiero hacer una aclaración: la idea de este ejercicio en su primera etapa es trazar un mapa emocional de los argentinos, pasar en limpio una serie de características que, a mi entender, nos limitan pero sólo si nosotros lo permitimos.

Veo si puedo ser más claro: Si a usted lo llevan de vacaciones a las sierras, ¿se la pasa quejándose de la falta de mar?. Me imagino que no, estando en las sierras (y aunque no sea el paisaje que más le gusta), trata de disfrutar el momento, se come un cabrito, pasea por los ríos y arroyos y la pasa lo mejor posible (y si usted no hace esto, recuérdeme que no lo invite a mi casa...).

Esta es la idea que me anima: definir nuestro territorio emocional nos puede dar una pauta del terreno en el cual nos debemos mover, a qué accidentes nos deberemos enfrentar y qué recursos tenemos para resolver nuestras encrucijadas.

Nos falta muy poco para tener nuestro mapa bosquejado y comenzar a definir el rumbo para la búsqueda de la felicidad nacional, ya verán que el panorama se va esclareciendo, a no desesperar!!!

lunes, 4 de enero de 2010

La Soberbia: una de las Bellas Artes Nacionales

Esto es casi una obviedad pero es un comentario obligado si queremos definir el mapa emocional criollo: Los argentinos somos soberbios (ya les dije, es una obviedad...).

Creo que no cabe ninguna duda al respecto pero para muestra vaya un botón (o una mercería): ¿Alguna vez, al pedir una opinión, participar de una discusión o debate o simplemente tomar un café en rueda de amigos connacionales, ha escuchado la frase: "No sé"?. Ya sea que estemos hablando de la selección de fútbol, de política nacional o internacional, de economía, de física cuántica o hayamos preguntado cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler, los argentinos tenemos la respuesta.

O, al menos, nos formamos rápidamente una opinión que defenderemos como si fuera la Verdad Revelada, la única respuesta posible a los grandes interrogantes de la Humanidad.

Llegada cierta edad (digamos tentativamente más de cuarenta años) no verá usted a un argentino cambiar de idea u opinión, nuestro conciudadano medio tendrá un cierto repertorio de respuestas que aplicará a cada situación más o menos similar.

El concepto madre sobre el que se asienta esta forma de actuar es el siguiente: "Si hasta ahora me fue bien (o no me fue tan mal...) ¿para qué voy a cambiar?". Con lo cual podemos desestimar graciosamente toda novedad, propuesta de cambio o posibilidad de aprendizaje.

Y esta limitación de nuestro aprendizaje, esta situación de "cosa juzgada", de libro cerrado, es la que nos transforma en soberbios; somos soberbios para evitar el miedo que nos generan las novedades.

Entonces nos aferraremos con uñas y dientes a nuestro parecer, esgrimiremos argumentos falaces como "escuchame, ¿a mí me la vas a venir a contar?" o " pará, que yo a esto lo tengo claro" o "mirá, yo tengo.... (llenar la línea de puntos con la edad, en lo posible más de cuarenta), así que...", y allí nos refugiaremos, en las cálidas aguas de la complacencia; todo con tal de no permitir que entren nuevas posiblidades.

Una curiosidad interesante: En los países hispanoparlantes del resto de América se utiliza mucho el potencial como tiempo verbal; países como Colombia, Perú o Chile usan frases tales como "¿Podría usted alcanzarme el salero? o ¿Quisiera decirme la hora?". Una de las razones por las que nos visualizan como soberbios y prepotentes es porque los argentinos no frecuentamos estos tiempos verbales, nuestra forma de hablar (que es nuestra manera de expresar lo que pensamos) pasa por el imperativo: "Alcanzame la sal" o "Che, ¿qué hora es?".

Me parece escuchar las argentinas voces diciendo: "Bueno, pero no vas a comparar..."

Seguimos en la próxima!!!

domingo, 3 de enero de 2010

Nuestra mejor defensa: La Otredad

No sé si la palabra existe pero ésta puede ser una buena ocasión para inventarla. La Otredad es un mecanismo que tenemos firmemente instalado en nuestras pampas.

Me explico: acá la culpa de todo la tiene "el Otro", omnipresente en todos los terrenos de nuestra vida. Es así que tenemos diferentes tipos de "otros", que vamos definiendo según la época, el clima político, las circunstancias sociales o lo que nos haga falta para llenar el vacío que nos produce la falta de culpables visibles.

En alltri tempi, la culpa de todo la tenían "los gorilas", especie nunca del todo extinguida, en la cual podía incluirse desde el Almirante Rojas hasta cualquier hijo de vecino que no cantara la marchita de manera entonada.

Acercándonos a tiempos más modernos, hemos pasado y pasamos aún por una buena cantidad de "otros": los milicos, los zurdos, los peronchos, los negros (habida cuenta de un detalle: la gente "políticamente correcta" los divide en "negros" a secas y "negros de mierda", lo cual les debe parecer un comentario que no tiene nada de discriminador...), los bolivianos o peruanos indocumentados (juro haber escuchado una señora diciendo "a mí me robaron la cartera dos peruanos indocumentados"...¿Les pidió documentos mientras la asaltaban o iban comiendo ceviche?. Misterio policial a resolver...), los contreras, los montoneros, los estúpidos imberbes, la oligarquía, los medios de comunicación, los oligopolios, los yanquis, los marxistas, los delincuentes periodísticos, los piqueteros, la mafia militar-sindical, los políticos y siguen las firmas.....

Los argentinos siempre tenemos un "otro" a mano (y si no lo hay, lo inventamos), encontramos cómo meter a la cantidad más numerosa de personas en la misma bolsa y allí apuntamos los cañones, de forma tal de no tener que hacernos cargo de nuestras propias miserias y errores.

No sólo responsabilizamos al "otro" de nuestros padeceres sino que además nos ubicamos en una categoría harto peligrosa, que puede definirse más o menos así: YO NUNCA SOY, SERÉ O PODRÉ SER CONFUNDIDO CON EL "OTRO".

Esto hace que tengamos una de las estadísticas más altas de mortalidad en accidentes en el mundo, ya que nuestro razonamiento funciona de la siguiente forma: Un argentino lee sobre un accidente terrible ocurrido en cualquier ruta, mira el número de muertos y piensa: -Esto es porque la gente (el "otro") no sabe manejar-. Y sigue sin ponerse el cinturón de seguridad, hablando por celular (peor aún, ¡¡¡mandando mensajes de texto!!!) mientras maneja, superando los límites de velocidad, tomando cantidades de alcohol que podrían iluminar una ciudad chica antes de ponerse al volante y otros etcéteras, total, los accidentes siempre le pasan al "otro".

He escuchado a gente, y no precisamente de raza aria, decir muy sueltos de cuerpo: - A estos negros hay que matarlos a todos -, olvidándose que cuando se pide mano dura se está dando carta blanca a la Ley de la Selva, en la cual la enorme mayoría de los ciudadanos no somos precisamente los leones, sino más bien los corderos de esa jungla.

Pero claro, total al que habría que matar es el "Otro", nunca seré yo, nunca un hijo o familiar mío...

La Otredad es tan inclusiva, de alguna extraña manera tan democrática, que cada categoría tiene su "otro": Los blancos a los negros y los negros a la puta oligarquía, los de Boca a los de River y viceversa, los marxistas a los proyanquis y éstos a los pagados con el oro de Moscú....

Esto es lo que no hemos percibido aún: SIEMPRE SOMOS EL "OTRO" DE OTRO ARGENTINO, no hay manera de salirse de alguna clasificación, por caprichosa que parezca (pensaba cuál puede ser la mía y me imagino que puede ser la de intelectual....perdón, me interrumpí por la risa...), siempre llevaremos puesta alguna etiqueta, algún argentino o grupo de ellos nos habrá pegado un código de barras que llevará la marca de nuestra identidad: negro, zurdo, oficialista, contrera, cheto, groncho...o la más temida, la peor de todas, la que supera todas las anteriores y sume a cualquier nacido en estas tierras en la angustia existencial y la noche oscura del alma:
"BOLUDO".

Tal vez sea por esto que nos cuesta tanto definir una posición o mancomunarnos en objetivos comunes, porque habría que juntarse con un montón de "otros" y correr el riesgo de quedar como un boludo...

sábado, 2 de enero de 2010

La Máquina de Impedir

Otra de las constantes que podemos encontrar en el mapa emocional de nuestra república es la del título. La Máquina de Impedir es un término que se acuñó en los años noventa, refiriéndose a la burocracia estatal, que nunca hace lo que nosotros esperamos de ella, nos somete a colas kilométricas cada vez que queremos hacer algún trámite y nos aplica gravámenes que a nuestro entender nunca llegan a quienes tiene que llegar (que desde nuestra mentalidad ombliguística siempre somos nosotros...).



Obviamente, no voy a desconocer que el Estado no cubre las necesidades de la población, que la salud no está bien atendida, que los docentes se quejan de su remuneración, la basura nos rodea y otros etcéteras.



Pero los argentinos nos tomamos de esto para hacer de nuestra tradicional evasión de impuestos una gesta patriótica, una tarea heroica sin precedentes en otras partes del mundo (al menos que yo sepa...), ya que, si pagamos los impuestos que fija el Estado, estamos alimentando la burocracia y la corrupción.



Con esto entramos decididamente en un círculo vicioso (otra de nuestras costumbres preferidas), que puede describirse así: Me quejo porque el Estado no hace nada, entonces no pago los impuestos porque no los veo reflejados en mi propio bienestar, con lo que el Estado no tiene recursos para hacer lo que tiene que hacer; entonces el Estado aumenta los impuestos para recaudar y los ciudadanos se quejan de que todo está más caro, por lo que pagan aún menos y se quejan aún más, porque estamos cansados que nos roben y no hagan nada.... Y así hasta el infinito.



En los países "normales" (ya veremos más adelante si existen los países normales...), los ciudadanos pagan los impuestos, lo que les da patente de ciudadanos, y exigen que las autoridades cumplan con el mandato que les han conferido, a través de los medios de participación que les corresponde (asambleas, medios de comunicación, etc.).



En cambio, en nuestro querido país, no pagamos y nos quejamos anticipadamente en caso que haya que pagar algo más que lo que (no) se viene pagando hasta el momento. Y por si esto fuera poco, la resistencia al pago de impuestos adquiere visos de Cruce de los Andes, de oposición al poder canibalístico de los gobernantes, genera cortes de ruta, manifestaciones, proclamas políticas, movimientos masivos y festivales de folklore....



Ojo, no digo que no haya que defender lo que se entiende que es un derecho y el tema de las retenciones es harto complejo para desintrincarlo tan rápido. Pero quiero llamarles la atención sobre esto: la "Lucha del Campo" se llevó a cabo para evitar el pago de un gravamen...



¿Ustedes se acuerdan de las marchas, las manifestaciones, los cortes y, sobre todo, las declaraciones de los dirigentes y de los ciudadanos de a pie?. ¿No parecía la Guerra Gaucha, interpretada por Enrique Muiño en el papel de Biolcatti ?.



Lástima que nuestros gobernantes (argentinos al fin) se enganchan rápidamente en el discurso altisonante de las gestas patrióticas y esos meses los vivimos como si las montoneras de Güemes fueran a cabalgar de nuevo en cualquier momento...

¿Qué pasaría si todos cumpliéramos nuestras obligaciones? ¿Con qué autoridad reclamamos al Estado si nosotros (que aunque no nos parezca somos parte de él) no cumplimos con nuestros deberes de ciudadanos?. Y aclaro, estos deberes abarcan algunas cosas más que votar cada cuatro años, si es que vamos...

Empecemos a tener en cuenta que todos somos engranajes de la Máquina de Impedir y comenzaremos a ver las dificultades como eso, obstáculos para realizar nuestros sueños y no como un sino trágico inmodificable.

viernes, 1 de enero de 2010

La Viveza Criolla: Cómo ser vivo sin ser inteligente

Acá en el título tenemos otro de nuestros lados oscuros: La famosa Viveza Criolla está absolutamente endiosada en nuestro país y creo que es otro de nuestros flancos débiles, ya veremos por qué.

En nuestro país, lo más importante de todo es ser "vivo", no interesa tanto ser capaz, mucho menos trabajador y ni hablar de honorable...Más aún, si uno no tiene la suerte de ser vivo, lo más importante es que no sea o no quede como un boludo. Una curiosidad; la palabra boludo es un invento argentino, como la birome o el colectivo; dicen que los inventos son fruto de la necesidad, así que, evidentemente, acá necesitamos ese tipo de definiciones para calificarnos entre nosotros.

Tratemos de definir la viveza criolla: Dícese de la habilidad de caer siempre bien parado, en lo posible dejando mal parado al otro. Esto es imprescindible, un vivo argentino no puede existir si no existe alguien a quien tomar de boludo. Es casi un requisito esencial, la caracterología del vivo criollo se define por comparación, no es tanto una virtud que uno detenta sino que la cuestión pasa por ser más rápido que los demás, darse cuenta antes, "avivarse", aventajar al otro (que pasa a revistar en la categoría de boludo...) y poder burlarse del que quedó por el camino en la carrera. Y si esto lo podemos compartir con un grupo muy grande, mucho mejor!!!. Allí funciona el vaso comunicante: si nos identificamos con el vivo nos alejamos del riesgo de ser boludos, la risa que nos da ver a un vivo en acción es más de alivio por no estar en la posición del boludo que la verdadera gracia que la situación nos puede causar.

Ejemplo: Marcelo Tinelli, prototipo perfecto de vivo criollo, se ha dedicado durante años a difundir en su programa la viveza, la cargada y la burla a algún boludo de turno, desde un ciudadano común (en complicidad con su familia...) al que le arruinaban su día, sus vacaciones, su auto, etc., con la excusa de entregarle luego algún premio (o sea, mientras después te pague te puedo hacer quedar como un boludo, total...) o confirmar la sospecha que las modelos son todas boludas, a las que se puede cargar impunemente.

El paroxismo de la viveza se produce cuando hace quedar como un boludo al Presidente del país (más allá de los evidentes méritos de Fernando de la Rúa...), con lo cual no sólo es vivo sino que además es nuestro Vengador Nacional.

Otro ejemplo, aún más grave, de nuestra admiración por la viveza y los vivos: Carlos Menen, el epítome del vivo criollo. Podremos decir que Menen fue corrupto, inescrupuloso, mentiroso, defraudador de la confianza pública; en fin, "virtudes" que ningún ciudadano medianamente informado podía desconocer. Ahora, que levante la mano aquél que pueda decir que pensaba que era un boludo...Me hago otra pregunta: ¿Podrá ser que lo hayamos elegido como nuestro presidente, como el rector de los destinos de nuestro país TRES VECES porque sabíamos que "¡¡¡El Turco es un vivo bárbaro!!!"?.

Claro, perseguir la posibilidad de ser un vivo nos aleja de otras virtudes que tenemos o que podemos desarrollar y que no están tan impuestas en el inconsciente colectivo como positivas.

Los dejo por hoy reflexionando sobre esto. Ahhh, me olvidaba: hoy comenzamos un nuevo año, buena oportunidad para preguntarnos sobre cómo queremos que sea, yo les deseo que se animen a soñar, más allá de lo que veamos como posible.

Les regalo una frase: "Si has construido un castillo en el aire, no te arrepientas, es el lugar correcto para construirlo; ahora tienes que ponerle los cimientos desde abajo".