De dónde venimos y hacia dónde vamos

Bienvenidos!!! El ciberespacio es muy parecido a nuestro país, la República Argentina: un lugar donde todo parece posible pero la gran mayoría de las cosas son mentiras, donde nos encontramos de muchas maneras pero a la vez nos separamos de lo verdadero. Entonces, ¿por qué no usarlo para pensarnos como individuos y ayudarnos a la única búsqueda que nos es común como humanidad: la búsqueda de la felicidad?. Ojalá estemos de acuerdo, pero más deseo aún que discutamos, porque será la manera de definir entre todos un camino mejor al que venimos llevando.

jueves, 7 de enero de 2010

La Anomia: El Síndrome Nacional

Miren que justo nuestro Gobierno, con el tema del pedido de renuncia al Presidente del Banco Central, me da tema para la nota de hoy...Gracias!!!

A los argentinos nos aqueja un mal endémico al que no se le presta atención como al dengue y es la anomia: una alergia incontenible a las normas y leyes.

Siempre hemos considerado que las reglas, leyes y normas están hechos para los demás, que no son para que las cumplamos nosotros; de allí que cada gobierno que asume quiere cambiar las reglas de juego o, mejor aún, que no existan reglas de juego, cosa de poder ejercer su voluntad soberana sin interferencias.

Anoche veía en un programa periodístico las declaraciones de legisladores del oficialismo que explicaban, con un perfecto razonamiento argentino, el porqué de esta crisis institucional: parece ser que a la Presidente la animan las mejores intenciones de aprovechar un momento de tasas bajas internacionales para renegociar deuda y gestionar préstamos (cosa en al que todos estaremos de acuerdo, convengamos que para gobernar hace falta plata y para eso hay que pagar lo que se debe...) y se encuentra con un límite a todas luces ridículo: hay leyes y normativas que le impiden disponer como mejor le parece del dinero...

Y también dicen que los gobiernos anteriores siempre han hecho lo que se les dio la gana con el Banco Central, por lo que no entienden por qué tanto lío porque ellos quieren hacer lo mismo, con lo cual llegan a la conclusión que "la cosa es contra nosotros, no nos dejan gobernar para el bien del pueblo..." y otros etcéteras.

Cuando vemos con lógica argentina esta cuestión, el Gobierno tiene razón: yo quiero hacer algo pero hay una norma o una ley (con la cual yo no tengo nada que ver, ya que no la escribí) que me lo impide; ergo, la ley está equivocada o no comprende mi particular situación y mis intenciones.

Si hay alguien a quien no le haga acordar algo que le haya pasado en su vida, debe ser ciudadano suizo...

Hace poco leí en el diario local una carta de lector contando que viajaba por una ruta cordobesa con las luces apagadas, lo detiene la policía caminera y le labra una multa. A esto el infractor, tan argentino típico como el asado de tira, declama que "es cierto, yo tenía las luces apagadas pero no era mi intención cometer una infracción, simplemente me olvidé, por lo que no entiendo por qué tengo que pagar una multa" y terminaba prometiendo no volver nunca más de vacaciones a Córdoba y aconsejaba hacer lo mismo a los lectores.

¿ A alguien a quien no le haya asaltado este pensamiento en una situación similar?: "Bueno, ya sé, pasé el semáforo en rojo pero no es para tanto...", "Y sí, estoy debiendo impuestos pero no soy el único...", "Mirá, como está la cosa ahora no sé cómo quieren que pague...", "Sí, llegué una hora tarde pero no sabés cómo estaba el tránsito...".

Nuestras intenciones siempre son buenas, si no cumplimos las normas es porque la norma no nos tenía en cuenta a nosotros, que somos especiales...

No nos asombremos entonces que un Gobierno (cualquiera, no me meto en cuestiones políticas en esto, tengo la íntima convicción que esto siempre ha sucedido y seguirá sucediendo mientras elijamos a connacionales como gobernantes) quiera hacer un bollo con las leyes y guardarlo allí donde no da el sol para hacer lo que le venga en gana.

Es más, en cuanto la normativa existente no coincide con nuestros deseos, pedimos la abolición de la misma o al menos que las autoridades le pasen por encima (de allí el "hay que matarlos a todos"...) para que las leyes se ajusten más a nuestros deseos o necesidades emocionales del momento.

Nos cuesta horrores entender que hay cosas que deben mantenerse permanentemente, que hay reglas de juego que es preferible que se mantengan como están, gobierne quien gobierne y hasta que esté consensuado cambiarlas para el bien común.

Todos los países que han prosperado tienen en común políticas de Estado que permanecen inalterables gobierne quien gobierne. En nuestro país, cada gobernante que asume procura demoler lo anterior, partiendo de la base que "seguro estaba equivocado y yo voy a hacer las cosas mucho mejor".

Me dicen que en el exterior, los argentinos son una maravillita: cumplen las reglas, no tiran papelitos en el piso, frenan cuando cruza un peatón...¿Será que acá no lo hacemos "porque no voy a ser yo el único gil que lo hace"?.

Los dejo con la pregunta...

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