De dónde venimos y hacia dónde vamos

Bienvenidos!!! El ciberespacio es muy parecido a nuestro país, la República Argentina: un lugar donde todo parece posible pero la gran mayoría de las cosas son mentiras, donde nos encontramos de muchas maneras pero a la vez nos separamos de lo verdadero. Entonces, ¿por qué no usarlo para pensarnos como individuos y ayudarnos a la única búsqueda que nos es común como humanidad: la búsqueda de la felicidad?. Ojalá estemos de acuerdo, pero más deseo aún que discutamos, porque será la manera de definir entre todos un camino mejor al que venimos llevando.

miércoles, 20 de enero de 2010

Pichones de Clark Kent: La autoconfianza nacional

Se dice que en los aeropuertos internacionales se puede reconocer a un argentino a la distancia: aunque no se esté quejando (cosa excepcional, por otro lado...), tiene una actitud fácilmente reconocible, una forma de pararse, de hablar, de caminar que distingue a kilómetros a un criollo, al menos para nosotros, que tendemos a ver mejor en otra persona nuestro propio reflejo.

Y siempre hemos juzgado esa actitud como prepotencia, "agrande", egomanía (recuerden el famoso chiste: ¿Cómo se suicida un argentino?. Se tira desde arriba de su ego...) y demás defectos de la personalidad.

Creo que los argentinos tenemos la creencia que el Universo nos debe algo, que hay una promesa incumplida permanentemente, que estamos "llamados para las grandes cosas", "condenados al éxito"; tal vez esto nos haya quedado como remanente de los años de la "promesa argentina", ya que hace más de cien años estábamos considerados como una de las potencias emergentes mundiales, granero del mundo, el país con los cuatro climas, la pampa húmeda y otros mitos sobre los cuales fuimos construyendo un remedo de identidad.

Claro, con el tiempo y nuestros sucesivos gobiernos fuimos desmoronando esa ilusión...

Pero en el inconsciente colectivo debe haber quedado impreso de alguna manera esa sensación de poder; es como si fuéramos todos Clark Kent, el alter ego de Superman: somos poderosos, invulnerables pero para adentro, usamos anteojos pero no los necesitamos, nos disfrazamos de país bananero pero íntimamente sabemos que entramos a una cabina telefónica y salimos transformados en algo magnífico...¿Cómo no sonreirnos sobradoramente o mirar de costado al resto de los mortales?

Ahora bien, ¿dónde está la fortaleza en esto, si suena tanto como un defecto?: La cosa es así: si aprendemos a modular esa característica se puede transformar en autoconfianza: una sensación de certeza en nosotros mismos, la íntima convicción que, sin importar lo que suceda, sabremos "pilotear" la situación favorablemente.

Sin que esa certeza llegue a hacernos irresponsables (cosa que sucede muy a menudo), la autoconfianza es una cualidad que colabora en mucho a acercarnos a la felicidad.

Hay un texto de Marianne Williamson que Nelson Mandela citó en un discurso y creo que es atinente a este tema; quiero compartirlo con ustedes pero con una salvedad: me voy a permitir reemplazar la frase "Hijo de Dios" por "Argentino", para que se aprecie mejor el planteo que quiero hacerles (además, siempre hemos dicho que Dios es Argentino, no???). Espero que no se tome por una falta de respeto ni como intención de desvirtuar un maravilloso texto, sólo se trata de darle más énfasis al ejemplo.

"Nuestro mayor temor no es que seamos inadecuados. Nuestro mayor temor es que somos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: "¿quién soy yo para ser brillante, hermoso, talentoso, fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres Argentino. Hacerte de menos no es brindar un servicio al mundo. No hay nada inteligente en hacerte valer menos para que otra gente no se sienta insegura al lado tuyo. Todos estamos hechos para brillar, como lo hacen los niños. Nacimos para manifestar la Gloria de Dios que está en nuestro interior.

No está sólo en algunos de nosotros; está en todos. Y cuando dejamos brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos a otra gente permiso para hacer lo mismo. Conforme nos liberamos de nuestro propio temor, nuestra presencia libera automáticamente a otros".

Ya sé que leído así puede resultar irrisorio pero las palabras son muy adecuadas para levantarnos la moral y, de paso, pueden aportar salida a otro miedo nacional muy propio: creo que los argentinos vivimos con un temor irracional a una especie de Apocalipsis berreta que late siempre en nuestro horizonte.

Los Apocalipsis cinematográficos siempre viene acompañados de grandes efectos especiales, enormes derrumbes, explosiones grandilocuentes y casi siempre Bruce Willis caminando en cámara lenta...

Los argentinos tenemos un miedo al Apocalipsis silencioso, baratito, bien de Tercer Mundo: un ministro que toma una medida, un cambio de ley, una inflación inesperada, un corralito bancario; todas son imágenes que permanecen presentes en el inconsciente colectivo como modestas plagas bíblicas personales y sociales que nos llenan de inseguridad.

Si adequirimos autoconfianza, modulando nuestro natural agrande, podemos caminar en cámara lenta nosotros también hacia el ocaso con una sonrisa en los labios, pensando: "ESTO TAMPOCO ME VA A VOLTEAR".

Somos argentinos, mis amigos, supervivientes natos: en la isla de Lost, un argentino hubiera puesto un bar en la playa....

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