De dónde venimos y hacia dónde vamos

Bienvenidos!!! El ciberespacio es muy parecido a nuestro país, la República Argentina: un lugar donde todo parece posible pero la gran mayoría de las cosas son mentiras, donde nos encontramos de muchas maneras pero a la vez nos separamos de lo verdadero. Entonces, ¿por qué no usarlo para pensarnos como individuos y ayudarnos a la única búsqueda que nos es común como humanidad: la búsqueda de la felicidad?. Ojalá estemos de acuerdo, pero más deseo aún que discutamos, porque será la manera de definir entre todos un camino mejor al que venimos llevando.

viernes, 22 de enero de 2010

Un cacho de cultura: La Argentina Antiplatónica

Hoy nos vamos a meter con un tema filosófico pero explicado rapidito, para que se entienda el concepto y, de paso, parezca que yo sé más de lo que digo...
Platón, el filósofo griego, postulaba que las cosas que conocemos del mundo no son más que una representación, digamos una copia, de las formas puras que moran en el mundo de las ideas.
Para explicarlo más en criollo, digamos que vivimos en un mundo "fotocopiado", donde las cosas parecen buenas pero no llegan a alcanzar la perfección, el error ya viene incluido dado su carácter de copia.

Por ejemplo: el amor que sentimos por nuestra pareja o nuestros congéneres no es otra cosa que la copia de El Amor, sentir que se radica en el mundo de las formas puras y del que nuestro amor es un pálido reflejo.

¿Y a qué viene todo esto, preguntarán ustedes?. Bueno, ahí va la explicación de tanto derroche de cultura clásica: Los argentinos descreemos profundamente de la existencia de ese mundo de formas puras; en la intimidad pensamos que la posibilidad de acceder a un estado superior nos está vedada como nación y hasta como individuos.

Básicamente desconfiamos de todo aquello que se plantea como "puro": cuando alguien nos habla de Honestidad, del Bien, de la Democracia, de la Verdad, todos prendemos el desconfiómetro y empezamos a buscar la trampa.
Da la impresión que en nuestro país lo único que pertenece a ese mundo de las formas puras es El Verso o El Chamuyo (no es casualidad que nos hayamos especializado en ellos).

Estamos sobrados de pruebas, obviamente, basta recordar algunas frases: "Con la Democracia, se come, se educa y se cura", "Seré el primero en llevar adelante la lucha contra la Corrupción", "Revolución Productiva"....Bah, para qué seguir, no?

Todas las semanas tenemos más ejemplos: recuerdo ahora la búsqueda de la familia Pomar, el "rastrillaje Exhaustivo", la "Búsqueda por cielo y tierra", "no descartamos ninguna hipótesis"; para que después (24 días después), todo termine en el hallazgo del auto accidentado a 20 metros de la curva más peligrosa de la ruta más lógica para seguir...

En los párrafos anteriores, puse algunas palabras en mayúscula para que se aprecie la diferencia entre una forma pura y una degradada; cuando las pronuncian nuestros funcionarios lo hacen invocando ese mundo platónico, como si estuvieran habitando allí (al menos durante su horario de trabajo...).

En los países "normales", cuando una palabra se pronuncia con mayúsculas suele tener ese valor: imaginen un norteamericano hablando del Congreso o el Presidente y luego pongan esas mismas palabras en boca de un argentino y podrán apreciar la diferencia...

Ahora bien, ¿dónde entra ser un país antiplatónico como ventaja que nos ayude en la búsqueda de la felicidad nacional?. Ahí va la explicación, no sean ansiosos!!!

La cosa pasa por este lado: los argentinos nos hemos pasado años de nuestra vida (personal y social) esperando, anhelando diría, que esos absolutos fueran reales pero, en el fondo de nuestra mente, sabemos que "todo es igual, nada es mejor".

Y si yo acepto que algo no es perfecto puedo dar el primer paso para mejorarlo; si entiendo que el mundo de las formas puras no se manifiesta en mi lugar aprendo a hacer lo mejor que pueda con las fotocopias que me han tocado.

Esto no se ha dado hasta el momento porque, a mi entender, los argentinos queremos creer casi desesperadamente por pereza, por no salir de nuestra zona de confort y de victimización.
Si yo me creo que un Fulano o una circunstancia favorable, o un cambio del "otro" o una oferta salvadora o un milagro argentino o el próximo candidato presidencial me van a salvar y me van a hacer definitivamente feliz, ¿ para qué preocuparme por hacer algo yo, no?.

Pero si yo utilizo esa desconfianza básica, esa sensación de inestabilidad permanente para tomar medidas de prevención, para solidificarme y consolidarme en lo que me hace diferente, si desarrollo mi disciplina sin confiar en que del mundo de las formas puras se derramen maná y bienestar; en síntesis, si no dejo mi felicidad en manos de ninguna circunstancia (en la que en el fondo no creo) estoy dando un paso en la dirección correcta.

Si en el fondo (y ni siquiera muy en el fondo, apenas uno mira se ve, no es que tengas que ser Jacques Cousteau...) no creemos en las salvaciones mágicas, no creemos en la estabilidad y las buenas intenciones de nuestros dirigentes (y ojo: me refiero a todos aquellos que dirigen nuestra vida, no sólo a quienes nos gobiernan), ¿por qué no nos dejamos de esperar "mil horas, como un perro" y ponemos manos a la obra para mejorar lo que sabemos que está mal en nuestras vidas?

Queridísimo argentino, es hora de salir de nuestra cómoda/incómoda posición de víctima y empezar a desarrollar un hacer consciente, desarrollar con disciplina una actividad que nos acerque al concepto de felicidad que todos llevamos dentro.

Pero ya hablaré más profundamente de esto, cuando empecemos a diseñar nuestro camino hacia la felicidad.
Por lo pronto, me despido de ustedes con una frase llena de sabiduría incluida en una canción de Joan Manuel Serrat: "NUNCA ES TRISTE LA VERDAD, LO QUE NO TIENE ES REMEDIO"

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